El Oso Polar

15 06 2009
Clasificación científica
Reino: Animalia
Filo: Chordata
Subfilo: Vertebrata
Clase: Mammalia
Subclase: Theria
Infraclase: Placentalia
Orden: Carnivora
Suborden: Caniformia
Familia: Ursidae
Subfamilia: Ursinae
Género: Ursus
Especie: U. maritimus
Nombre binomial
Ursus maritimus
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El oso polar es el mayor y más fuerte depredador de los hielos marinos y costas árticas barridas por el viento. El macho adulto pesa en promedio 460 kilogramos, pero su agilidad es tal que puede saltar grietas de hilo de más de 3,65 m. de anchura. Los machos casi desarrollados miden de 2,40 a 2,60 m. de longitud (las hembras 1,80), pero algunos llegan a los 736 kg., 3,30 m. de largo y 1,35 de alto en la cruz. Presenta un perfil más alargado que el de otros osos y las patas más desarrolladas, tanto para caminar como para nadar largas distancias. Las orejas y la cola son muy reducidas, para mantener mejor el calor corporal, al igual que en muchos otros mamíferos árticos. En esto también colaboran una gruesa capa de grasa subcutánea y un denso pelaje, que en realidad no es blanco, sino translúcido, formado por miles de pelos huecos (que al estar llenos de aire, son un buen aislante térmico). Bajo el pelaje se encuentra la piel, que es negra para atraer mejor la radiación solar y aumentar así el calor corporal. La luz ordinaria se refleja sobre el pelaje, generando normalmente la falsa sensación de blancura. No obstante, en determinados momentos y lugares puede verse amarillenta o incluso parda clara. La pérdida del calor corporal se encuentra muy reducida, tanto por el pelaje y el color de la dermis como por el espeso panículo adiposo que se encuentra bajo la piel y que sólo se adelgaza en la cabeza, especialmente en la nariz. Durante el verano estos osos adelgazan y al poseer muy densamente vascularizados los músculos pueden irradiar entonces el exceso de calor.

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Cubierto como está de una piel abundante y de una gruesa capa de grasa, el oso polar se encuentra a sus anchas en las heladas extensiones donde habita. Su pelaje es una de las obras maestras de la naturaleza. Como el de muchos mamíferos boreales, está formado por una capa exterior de pelo recio que protege otra interior de pelos más finos.

Estos pelos, además, son transparentes y sólo nos parecen blancos porque reflejan todo el espectro visible; una buena parte de la luz solar que en ellos incide se refleja hacia dentro y, tras un intrincado recorrido, llega hasta la piel negra del oso, la cual, debidamente cubierta por el “pelaje invernadero”, se convierte en uno de los captadores solares más eficiente del mundo.
El oso polar, perfectamente adaptado a la gélida temperatura del mar. Aunque suele nadar lentamente, es capaz de alcanzar una velocidad de unos 6,5 km/hora y de mantenerla durante cierto tiempo. Cuando está agotado de nadar, descansa flotando y quizá por usar este método es capaz de franquear distancias de más de 60 km.

Asiduo cazador, su extraordinaria fuerza le permite extraer del hielo, por el angosto agujero respiratorio, a una foca de anillos de 90 kg.; con tal ímpetu, que le rompe la pelvis en la extracción.

En invierno las focas excavan y mantienen orificios respiratorios en el hielo. El oso polar las localiza por el olfato y espera a que asomen la cabeza, a veces después de taponear los otros orificios vecinos.

El oso polar es el mayor y más fuerte depredador de los hielos marinos y costas árticas barridas por el viento.

Pero la base de su dieta son las focas, sobre todo la de anillo y la barbuda, que constituyen presas esenciales para su supervivencia. Si no está muy hambriento, el oso se come sólo las vísceras y el tocino de la foca, dejando los restos a merced de carroñeros como el zorro ártico o los cuervos.

El oso polar es un cazador esencialmente solitario. Sólo cazan juntas las hembras y las crías no mayores de un año. Pasando el periodo de celo, los machos abandonan a las hembras y no se ocupan de su familia. Durante el breve celo luchan a veces salvajemente; el resto del tiempo se ignoran, a no ser que coincidan en algún festín de carroña, tales como ballenas o narvales atrapados.

HÁBITOS ALIMENTICIOS  Y DE CAZA

Esta especie es la más carnívora de todos los osos, aunque ingieren una parte ínfima de vegetales durante el verano ártico en la tundra. Nadan con facilidad (a veces cientos de kilómetros), pero capturan a sus presas en tierra o sobre el hielo, siendo los depredadores dominantes de su hábitat. Las focas y algunas ballenas, como la beluga, son capturadas cuando abren agujeros en el hielo para respirar. En verano rastrean el aire con su poderoso olfato, a la búsqueda de crías de foca resguardadas en cámaras bajo el hielo; más raramente se acercan a las colonias reproductivas de morsas, donde capturan ejemplares jóvenes, o a las zonas de anidación de aves marinas, como los araos, para alimentarse de huevos y pollos. No hibernan, y durante estos meses fríos suelen ser seguidos por decenas de zorros árticos que devoran las carroñas que deja a su paso, pero nunca los atacan. Los hábitos de estos animales son casi siempre solitarios, y son frecuentes las peleas entre machos para aparearse con las hembras y las peleas entre individuos de cualquier sexo para apoderarse de la comida. Por lo general las peleas se resuelven por horripilación; es decir: cuando un ejemplar disuade o intimida a otro haciendo notar su potencial fortaleza evidenciando su corpulencia. Tampoco parecen tener problemas con los lobos, siendo su único enemigo pluricelular importante los humanos.

Algunos ejemplares se acercan a áreas habitadas, donde roban pescado puesto a secar o rebuscan en la basura. En Manitoba se ha llegado a ver individuos alimentándose de aceite de motor y grasa abandonada.

El área de distribución del oso polar coincide a grandes rasgos con el de las focas árticas; la foca pía (Pagophilus groenlandica), la foca de casco (Cystophora cristata), la foca barbuda (Erignathus barbatus) y la foca anillada (Pusa hispida). De todas ellas, la anillada es su presa principal y representa un 85% de su dieta; esta foca es uno de los pinnípedos más pequeños, por lo que durante la estación de caza un oso adulto se ve obligado a matar a unos cincuenta, lo que equivale a uno cada cinco días.

El resto de su dieta se compone de carroña y -cuando pasan el verano en tierra firme- de una amplia gama de materia vegetales y pequeñas presas: bayas, hierbas, raíces, algas e invertebrados marinos, mientras que los cazadores más expertos consiguen capturar algunos peces, lémmings y liebres árticas. Los osos de la bahía de Hudson han desarrollado una técnica para atrapar patos y los de las islas Svalbard consiguen arrebatar los huevos de gaviotas tridáctilas, araos de Brünich y otras aves marinas.

A fines de otoño y en invierno, las focas anilladas mantienen abiertos agujeros en la superficie del hielo para respirar y salir a tierra. Estas focas son muy individualistas: cada una excava sus propios agujeros, defendiéndolos con ahínco. Sobre el hielo, las focas dominantes incluso les niegan la entrada a los individuos más jóvenes e inexpertos, y éstos tienen que buscar otra ruta hacia el agua, convirtiéndose entonces en presa fácil para cualquier oso que transite por la zona. Así, cuando una foca se halla sobre el hielo, el oso polar se acerca sigilosamente e intenta capturarla por sorpresa. Si consigue llegar hasta ella, le golpea el cráneo de un zarpazo y si el animal no muere de inmediato lo remata con mordiscos en la nuca.

Una variante acuática no muy usual de esta caza al rececho consiste en deslizarse en el agua -sin salpicar apenas y emergiendo tan sólo su negro hocico- e ir acercándose a la foca bajo el agua; si ésta por algún motivo intuye su presencia, el oso se zambulle pro completo y continúa su rececho bajo el agua durante uno o dos minutos; cuando está a unos 10 m de la presa hace una salida rápida para confirmar la posición de la foca, vuelve a hundirse y emerge explosivamente del agua para saltar sobre su presa. Esta persecución acuática requiere una considerable destreza que no poseen todos los osos; el rececho sobre el hielo tampoco es fácil y se salda con muchos fracasos.

Por estos motivos, la técnica de caza más habitual y probablemente más exitosa es el acecho. Ayudado pro su extraordinario sentido del olfato, el oso localiza un agujero de respiración, que en invierno puede estar enterrado a más de 1 m bajo la nieve, se sienta sobre sus cuartos traseros y espera pacientemente, durante horas si es necesario, hasta que la foca sale a respirar; instantánea y velozmente, el oso introduce su antebrazo en el agujero y en un solo movimiento, destroza el cráneo de la foca y la levanta hacia fuera para devorarla sobre el hielo.

DISTRIBUCIÓN Y HÁBITAT

El oso polar habita uno de los biotopos más hostiles del planeta; la zona circumpolar del hemisferio norte. El dominio de este animal cubre, por lo tanto, una enorme extensión de territorio. Antes de pensaba que los osos del Ártico comprendían una población única y numerosa de individuos que vagaban a sus anchas por todo el anillo circumpolar. Pero tras años de estudios, los biólogos identificaron varias poblaciones independientes que presentan ciertas características comunes.

Las barreras entre estas poblaciones son bastante tenues, porque los osos rara vez se adentran en tierra firme, de tal modo que los accidentes geográficos afectan poco a sus deambulaciones.

Pese a esta inexistencia de barreras, los especialistas creen que hay varios centros vagamente definidos: hacia el oeste, la isla de Wrangel y el este de Siberia, el oeste y el norte de Alaska y las islas del norte de Canadá; hacia el este, las poblaciones de osos rodean Groenlandia y utilizan como base las islas noruegas de Svalbard, la Tierra de Francisco José y el centro-norte de Siberia.
Pero por muy extensa que sea su área de distribución, el oso polar se encuentra rígidamente confinado pro dos factores fundamentales; por una parte, la distribución de la foca anillada, que es su principal presa, y por otra, la persecución de que fue objeto pro el hombre, que es el único depredador capaz de hacer frente al gran cazador del Ártico.

En varias ocasiones se han observado osos polares en alta mar a 300 km de la costa más próxima. Para llegar tan lejos utilizan como balsas los trozos de hielo flotantes. Los bloques helados son muy abundantes en el hábitat preferido del oso polar: zona del “pack ice” o banquisa estacional. En las regiones polares se distinguen tres tipos de banquisas: la permanente, la estacional y la costera. La primera no se funde nunca, ni siquiera en verano y tiene de 800 a 1.000 km de diámetro.

Toda la periferia de esta banquisa está rodeada por otra estacional o “pack ice”, que a causa de las corrientes marinas y los vientos constituye una superficie muy fracturada y caótica, con numerosos “leads” o canales de agua libre cuyo trazado varía un día tras otro. La banquisa costera, por su parte, se forma en otoño, ya que la congelación de las aguas de la costa se produce a temperaturas menos frías.
De estas tres banquisas, la que ofrece condiciones más favorables a las focas es la del “pack ice” y, por lo tanto, sus depredadores, los osos, adecuan sus actividades estacionales a las variaciones de esta zona.

Desde el otoño hasta la primavera, la mayoría de individuos se encuentran en esta banquisa estacional, a excepción de las hembras grávidas, que invernan en tierra firme. Durante el breve verano ártico, cuando la banquisa estacional se deshiela, los osos se concentran en los residuos de ésta o bien se desplazan hacia tierra firme, ocupando los territorios que probablemente habitaban antaño.

EL CICLO VITAL DEL OSO POLAR

Excepciones a la vida solitaria

En primavera, los machos son atraídos por las hembras en celo, las cuales delatan su estado por el olor. Aunque la huella olorosa de una hembra puede atraer a docenas de machos, por lo general sólo uno se decide a seguirla desde lejos. Tras un elaborado cortejo, la concentración de estrógenos de la hembra asciende finalmente al nivel adecuado par ala concepción. Sólo entonces permite que el macho la monte, continuando luego a su lado unos pocos días.

Una vez fecundada la hembra, el desarrollo de los óvulos fertilizados no se produce de inmediato. Antes de implantarse en el útero, permanecen en estado de blástula hasta el otoño siguiente, momento en que empieza la gestación propiamente dicha, la cual únicamente dura de seis a diez semanas. En esta época, las hembras gestantes se dirigen a tierra firme o hacia los sectores de la banquisa de hielo espeso, donde excavarán su osera para permanecer en ella durante cinco meses, viviendo en letargo de sus reservas acumuladas.

Los oseznos

Entre fines de noviembre y enero, nacen los indefensos oseznos -por lo general en número de dos-, que no abrirán los ojos hasta las cuatro semanas de vida y no adquirirán su pelaje protector hasta los tres meses de edad. En marzo o abril, la familia sale de su refugio invernal, al principio sin alejarse mucho, y cuando las crías han cobrado la fuerza y destreza suficientes, lo abandonan definitivamente para dirigirse hacia la banquisa donde se iniciarán en las distintas técnicas de caza bajo el atento control de la madre.

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Durante la primavera y el verano la madre y las crías se desplazan por la costa y por los bloques de hielo fracturados de la banquisa en busca de alimento que consiste en peces, pequeñas focas y crías de morsa que los cachorros alternan con la leche materna.
Las crías permanecerán junto a su madre casi dos años; transcurrido ese tiempo, la familia se disgregará y los jóvenes osos iniciarán su vida en solitario.

Al agua

La cría de esta osa polar no parece muy decidida a lanzarse a las gélidas aguas de la bahía de Hudson (Canadá), pero su madre insistirá hasta conseguir que dé este paso. Durante el tiempo que los oseznos pasan con su madre participan de forma activa en sus cacerías, aprendiendo a desenvolverse cómodamente tanto en tierra firme como en el hielo tambaleante y en el agua. Sólo así podrán sobrevivir cuando abandonen la familia.

¿COMO AFECTA EL CALENTAMIENTO GLOBAL AL OSO POLAR?

El hielo marino del Océano Ártico y las áreas interconectadas de mares helados representan el hogar del oso más grande y más depredador de esta familia. Todas las especies vivientes de osos evolucionaron hace 22 millones de años de un ancestro común, el Ursavus de Asia. Los osos polares (Ursus maritimus) evolucionaron de un grupo de osos pardos (Ursus arctos) hace más de 200.000 años, al encontrarse aislados de otras poblaciones de osos pardos debido a los glaciares, probablemente en Siberia. Es fácil imaginar el cambio evolutivo en los osos pardos que habitaron las costas del norte durante un período de enfriamiento climático, cuando presa tan tentadora como incautos cachorros de foca se podían encontrar costa afuera.

La mayor preocupación acerca de los efectos del cambio climático en los osos polares es la pérdida de hábitats y los cambios en el hábitat de hielo marino. El hielo marino del cual dependen los osos polares ha estado experimentando una reciente disminución en área, en la duración de la cobertura y en su espesura debido al calentamiento global. Cambios observados en el hielo marino y en el hábitat que pueden afectar a los osos polares incluyen:

  • Una disminución de un 1,5% por década en la extensión máxima del hielo marino durante el invierno;
  • La pérdida de la capa de hielo multi-anual (es decir, el hielo empacado polar permanente), el cual está disminuyendo en un 10% cada década;
  • Un aumento en la extensión de aguas abiertas;
  • Un acortamiento del período de cobertura de hielo y un alargamiento del período de aguas abiertas;
  • Un aumento en la tasa de deriva del hielo.

Los estudios sugieren que el hielo marino está cambiando más rápidamente que lo proyectado y existe preocupación que la pérdida del hielo marino pueda haber pasado el punto de no retorno que podría acelerar los declives futuros. Las proyecciones del clima y los modelos del hielo marino deben ser vistos con cierta precaución, pero el mensaje es claro: El hábitat de los osos polares está cambiando.

Los cambios al hielo marino inducidos por el clima pueden resultar en cambios en la disponibilidad de las especies presa para los osos polares. Existe evidencia que las poblaciones de la foca común (también llamada foca de puerto o foca moteada del Atlántico, Phoca vitulina) están aumentando y que la foca de Groenlandia (Pagophilus groenlandica) se está expandiendo hacia el norte. Estas especies ya son presa de algunas poblaciones de osos polares, pero si el hielo marino sigue cambiando, estas especies podrían volverse más importantes para los osos polares, siempre y cuando ellos tengan una plataforma de hielo marino desde la cual poder cazar. Existe la preocupación de que si las condiciones del hielo deterioran mucho, los osos polares podrían ser reemplazados por otros depredadores de nivel alto, tales como las orcas (Orcinus orca), las cuales se ven excluidas de los mares cubiertos de hielo.

La evidencia de los efectos del cambio climático sobre los osos polares no es definitiva. Los efectos definitivos vendrán cuando desaparezcan algunas de las subpoblaciones. El estado de las varias subpoblaciones de osos polares varía ampliamente. Algunas se encuentran en declive debido a los efectos del cambio climático y otras no han mostrado ninguna indicación de cambio. Los efectos del cambio climático pueden ser diferentes en el tiempo y en el espacio; sin embargo, solo dos o tres subpoblaciones están siendo monitoreadas adecuadamente como para poder confirmar tendencias a largo plazo en su abundancia y así proveer ideas sobre lo que le puede ocurrir a la especie en un área grande.

Los impactos más notables del cambio climático en los osos polares se han observado en la parte oeste de la Bahía de Hudson, donde los declives en la condición corporal, la reproducción y la supervivencia han resultado en una reducción de un 22% en el tamaño de la subpoblación entre los años 1987 y 2004. La derretida temprana del hielo marino en la Bahía de Hudson es la fuerza mayor detrás de esta disminución en el tamaño de la población; también la continua cosecha insostenible de focas ha agravado la situación. La derretida temprana del hielo marino tiene dos consecuencias para los osos polares: Acorta el período de alimentación durante el período cuando los recientemente destetados cachorros de foca están disponibles, y alarga el período que los osos deben pasar en ayunas con una menor reserva de grasa. A pesar de que los osos polares están bien adaptados a períodos largos en ayunas, ellos tienen un límite en cuánto pueden sobrevivir sin alimento. Las hembras en condición pobre dan a luz a cachorros más pequeños que pesan menos y estos cachorros tienen una tasa de supervivencia menor. Con el tiempo, la baja supervivencia hasta llegar a la madurez significa que la subpoblación va a disminuir en número. Existen datos que muestran que los osos polares en la parte sur del Mar de Beufort y la parte sur de la Bahía de Hudson también están empeorando en su condición física, lo cual es a menudo un precursor a los declives en el tamaño de las subpoblaciones.

El calentamiento climático está alterando las condiciones del hielo marino y afectando a los osos polares en otras formas. En muchas áreas, el hielo polar cambia con las corrientes de viento y de agua y los osos polares a menudo caminan en contra del flujo de hielo con el fin de mantenerse en contacto con sus hábitats preferidos. El calentamiento del clima está reduciendo el grosor y la extensión de la capa de hielo, lo cual puede resultar en una mayor deriva del hielo. El efecto es que los osos polares se encuentran sobre el equivalente de una cinta mecánica para caminar, y nosotros estamos aumentando su velocidad. El uso de más energía para la locomoción significa que tendrán menos energía disponible para el crecimiento y la reproducción. Al igual que la deforestación de los hábitats terrestres, la alteración de la dinámica del hielo marino puede aumentar la fragmentación del hábitat, haciendo más difícil el movimiento a través del paisaje.

Algunos ejemplos de los efectos esperados por los cambios en el hielo marino son:

  • Aumento de los costos energéticos del movimiento;
  • Alteración del tamaño del territorio y de su configuración;
  • Alteración de los límites de las subpoblaciones;
  • Acceso reducido a las áreas de madrigueras;
  • Aumento de los períodos sin acceso a presa;
  • Alteración de las especies presa;
  • Aumento en la cantidad de tiempo que pasan nadando, lo cual puede resfriar a los cachorros y reducir su supervivencia.

Otros eventos son más difíciles de vincular directamente al cambio climático pero son consistentes con las predicciones. Se han observado osos polares ahogados cerca de las costas de Alaska que han podido perecer debido a la rápida retracción del hielo marino hacia el norte: La mayor extensión de aguas abiertas y mayores distancias entre la tierra firme y el hielo hacen más difícil para los osos encontrar refugio. En la misma área, se han visto casos de osos matando a otros osos polares y situaciones de canibalismo, lo cual puede estar relacionado a los cambios en la capa de hielo marino y a la menor disponibilidad de presa. Los machos adultos parecen estar lo suficientemente desesperados como para depredar a otros osos. A pesar de décadas de investigación, estos eventos nunca antes habían sido observados en el Mar de Beaufort, pero son consistentes con una población estresada.

Las cambiantes condiciones del hielo marino están afectando la habilidad de los osos de cazar sus presas. Durante los años de 2005 a 2008 en el Sur del Mar de Beaufort, se observaron a los osos cavar a través de hielo sólido en intentos de atrapar a cachorros de foca. Normalmente, los cachorros de focas anilladas nacen debajo de acumulaciones de nieve, los cuales pueden ser excavados por los osos con relativa facilidad. Sin embargo, excavar a zarpazos a través de hielo de hasta 70 cm. de espesor es ineficiente y posiblemente una indicación de la poca disponibilidad de cachorros de foca. Las focas parecen estar dando a luz bajo el hielo debido a las condiciones alteradas del hielo marino y a las tormentas que traen consigo hielo menos grueso. Las consecuencias a largo plazo para los osos polares son desconocidas, pero es muy posible que una reducción en el consumo de energía vaya a afectar a muchos aspectos de la ecología de los osos.

Recientemente, un nuevo estudio en Alaska reveló que las madrigueras de los osos polares en el hielo empacado han disminuido de un 62% entre 1985 y 1994 a un 37% entre 1998 y 2004. Esto probablemente es el resultado de declives en la cantidad de hielo viejo estable; aumentos en el hielo sin consolidar; el alargamiento del período libre de hielo, el cual reduce la disponibilidad y calidad de hábitats para hacer madrigueras en el hielo; y la protección a largo plazo de hembras en sus madrigueras, lo cual ha resultado que los osos que tienen fidelidad a hacer madrigueras en tierra firme no sean matados por cazadores. A medida que el hielo continúa cambiando, se espera que más áreas de madrigueras sean abandonadas.

En algunas áreas, el número de interacciones entre humanos y osos está aumentando. Los osos que se ven estresados nutricionalmente están pasando más tiempo en tierra firme y se acercan más a lugares habitados y a campamentos de caza en busca de alimento. A medida que el hielo marino continúe cambiando y que los osos aumenten en su estrés, se espera también un mayor número de interacciones con los humanos.

¿CUÁLES SERÁN LAS CONSECUENCIAS FUTURAS DEL HÁBITAT DE LOS OSOS POLARES SI NO SE DETIENE EL CALENTAMIENTO GLOBAL?

¿Podrán adaptarse los osos polares a una vida en tierra firme sin la presencia del hielo marino? Esta idea ha sido ingenuamente propuesta por algunos. Los osos polares con frecuencia alcanzan tamaños de más de 300 Kg. en las hembras y hasta 500 Kg. en los machos. En contraste, los osos pardos que viven en el Ártico, prácticamente al lado de los osos polares, raramente exceden los 200 Kg., lo cual refleja los escasos recursos alimenticios que proveen los ambientes terrestres en las altas latitudes. La idea de que una especie altamente especializada con más de 200.000 años de evolución pueda responder en décadas o, en el mejor de los casos, en siglos, a las pérdidas esperadas de su hábitat, es una visión extraña del proceso de la evolución. Cualquiera que sea el caso, el nicho de un oso terrestre en el Ártico ya está ocupado por el oso pardo, del cual el oso grizzly (Ursus arctos horribilis) es una subespecie.

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La predicción del futuro es una actividad precaria, pero es claro que el hábitat del hielo marino del oso polar está cambiando rápidamente. Las especies altamente especializadas son particularmente vulnerables a los efectos de la pérdida de sus hábitats. En resumen, los cambios esperados en los osos polares con respecto al calentamiento del clima incluyen:

  • Acceso reducido a las especies presa;
  • Reducción en la condición corporal (salud);
  • Menor supervivencia de cachorros;
  • Menor tasa reproductiva;
  • Aumento en la agresión intraespecífica;
  • Aumento en el canibalismo;
  • Menor supervivencia de los adultos;
  • Tasas de movimiento alteradas;
  • Cambios en las áreas de madrigueras;
  • Cambios en los límites de las poblaciones;
  • Aumento en las interacciones con los humanos;
  • Alteraciones en la composición de las presas;
  • Reducción en el tamaño de la población.

La pérdida del hielo marino es similar a la deforestación de los bosques húmedos tropicales: con muy pocas excepciones, al perder el hábitat se pierde la especie. A diferencia de otras especies, los osos polares no van a responder bien a un cambio en su distribución más hacia el norte, debido a que el área polar es profunda, fría y de muy poca productividad. La pérdida de los hábitats costeros muy productivos será una pérdida muy seria. Sin embargo, el hielo marino es más que una plataforma. Es el hábitat de los osos polares y de las muchas especies en que ellos dependen. Desde el fitoplancton hasta los peces, el hielo marino es una parte integral del ecosistema marino del Ártico.

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Fuente: American Institute of Biological Sciences

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El Oso de Anteojos u Oso Frontino

13 06 2009
Clasificación Taxonómica
Reino: Animalia
Filo: Chordata
Subfilo: Vertebrata
Clase: Mammalia
Subclase: Theria
Infraclase: Placentalia
Orden: Carnivora
Suborden: Caniformia
Familia: Ursidae
Subfamilia: Ursinae
Género: Tremarctos
Especie: T. ornatus
Nomeclatura Binomial
Tremarctos ornatus

El oso frontino, “andino” o “de anteojos”, Tremarctos ornatus (F. Cuvier 1825), es el único representante de la familia Ursidae que habita en América del Sur. Su distribución comprende las áreas montañosas andinas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia; existiendo reportes aislados para el sudeste de Panamá (frontera con Colombia), y al norte de Argentina en la frontera con Bolivia.

Dentro de esta amplia área de distribución geográfica, el oso frontino ocupa una gran diversidad de hábitats en pisos altitudinales que van desde los 250 hasta un poco más de los 4.000 metros sobre el nivel del mar.

En Venezuela la distribución reportada del oso frontino comprende las áreas silvestres (bosques y páramos) a lo largo de la Cordillera de Mérida, Macizo de El Tamá y la Sierra de Perijá.

Las áreas identificadas con presencia confirmada o probable son las siguientes:

Estado Lara:

1. Cerro El Pingano – Fila El Frío – Cabeceras Río Bocoy. Municipio Jiménez a 25 Km., Este-Noreste de Acarigua.

2. Cerro Llorón – Fila Los Ranchitos – Fila Miracuy. Municipio Jiménez a 42 Km. al Este de Acarigua.

3. Cerro María Lionza (*), límite entre los Municipios Morán (Lara) y Guanare (Portuguesa), 21 Km. al Sur-Suroeste de Guaríco.

4. Fila La Escalera – Fila Miracuy.

5. Montaña El Junquito – Montaña de Villanueva (*)

5. Páramo Los Nepes – Cerro El Cepo (*), Municipio Morán, 9 Km. al Sur de Barbacoas.

Estado Trujillo:

1. Montañas al Sureste de Chejendé (*), Municipio Carache.

2. Páramo Guaramacal – Páramo de Agua Fría, Municipio Boconó, 5 Km. al Sureste de Boconó.

3. Fila Llano Grande – Páramo Masparro, 3 Km. al Sureste de Niquitao.

Estado Mérida:

1. Páramo de Don Pedro – Serranía de Santo Domingo. Vertiente Sur de la Sierra Nevada de Mérida.

2. Loma San Antonio – Páramo del Oro (*). Vertiente Norte de la Sierra Nevada de Mérida.

3. Páramo de Aricagua – Páramo de Buenos Aires. Municipios Libertador y Arzobispo Chacón.

4. Páramo de Altamira – Páramo El Serrucho – Fila de Mucutiris (*), entre los Ríos Nuestra Señora, Chama y Mucutuy.

5. Páramo Las Tapias- Río Negro – El Molino.

6. Fila Santa Rosa – Montañas de Caparo.

7. Páramo El Escorial.

8. Páramo de Los Conejos – Piedras Blancas.

9. Valle Grande – La Pedregosa – Las Gonzáles.

10. Páramo El Tambor.

Estado Táchira:

1. Páramo Batallón – Páramo del Oso – Filo de Caricuena (*), Municipio Jauregui, 3 Km. al Sur de La Grita.

2. Sierra La Maravilla, 5 Km, al Este de San Cristóbal.

3. Páramo La Revancha – Cerro Urumal – Serranía de Burgua.

Estado Zulia:

1. Serranía de Valledupar – Sierra de Motilones, Municipio Perijá.

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INTERVALO ALTITUDINAL

El límite altitudinal inferior de la distribución del oso frontino en Venezuela fue reportado aproximadamente a los 800 m.s.n.m., siendo este delimitado principalmente por los asentamientos humanos a la largo de las vegas de los ríos y en las áreas de relieve más moderado en el piedemonte andino. Sin embargo, no se descarta la presencia de individuos de esta especie por debajo de los 800 m.s.n.m. en áreas silvestres no intervenidas.

El límite altitudinal superior de la presencia del animal corresponde con el ecotono páramo – selva nublada entre los 2900 y los 3200 m.s.n.m., ya que si bien el oso frontino utiliza ciertas recursos en el páramo andino, no podemos hablar de él como un animal paramero, sino como un residente de los bosques nublados que usa ocasionalmente del páramo.

CARACTERÍSTICAS FÍSICAS DE LA ESPECIE

Con respecto a los demás úrsidos, el oso frontino es de tamaño intermedio, midiendo el macho adulto entre 1,5 y 2 metros de largo (longitud cabeza-cuerpo) y la hembra 2/3 del tamaño del macho.

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El pelaje es usualmente negro, pero algunos individuos pueden presentar tonalidades castañas. Una característica sobresaliente en estos osos es la presencia de marcas de coloración blanca o amarillenta en el hocico, alrededor de los ojos, cuello y pecho. La forma y extensión de las mismas varía entre los individuos y no es raro observar ejemplares totalmente negros. Esta variación ha sido base para una amplia designación de nombres comunes a lo largo de su área de distribución.

La forma del cráneo de Tremarctos ornatus se asemeja mucho a la del panda gigante (Ailuropoda melanoleuca). Esto se debe a la presencia de un músculo zygomático mandibular muy desarrollado y un hocico relativamente corto en relación con el cuerpo. Además, estos osos tienen el cuarto premolar y los molares adaptados para masticar y triturar vegetación fibrosa. El oso frontino presenta una fórmula dental de 42 piezas al igual que la mayoría de los úrsidos.

HÁBITOS

El oso frontino es aparentemente un animal solitario. Sin embargo, existen reportes de grupos de hasta ocho individuos comiendo juntos durante la época de fructificación de ciertas plantas del bosque nublado. Los osos frontinos pueden estar activos a cualquier hora del día. Son excelentes trepadores y pueden pasar bastante tiempo en las ramas más altas de los árboles, en donde se alimentan principalmente de frutas y bromelias epifitas, o simplemente descansan en plataformas que se asemejan a nidos, construidas con ramas y hojas.

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La dieta reportada para el oso frontino es muy variada y está compuesta básicamente por materia vegetal, aunque también se alimenta de insectos, aves y pequeños mamíferos. En ocasiones puede causar daños al ganado vacuno en sitios alejados a los asentamientos humanos, donde los rebaños no son supervisados con frecuencia.

Dieta de origen vegetal reportada para el oso frontino Tremarctos ornatus en Los Andes de Venezuela.

Especie

Familia
Anthurium sp. Araceae
Gregia colombiana Bromeliaceae
Guzmania mitis Bromeliaceae
Guzmania monostachia Bromeliaceae
Guzmania squarrosa Bromeliaceae
Pitcairnia nubigena Bromeliaceae
Puya aristeguietae Bromeliaceae
Puya venezuelensis Bromeliaceae
Tillandsia biflora Bromeliaceae
Tillandsia complanata Bromeliaceae
Tillandsia fendleri Bromeliaceae
Tillandsia shultzei Bromeliaceae
Tillandsia tetrantha Bromeliaceae
Asplundia moritziana Cyclantaceae
Rhynchaspora sp. Cyperaceae
Gaultheria sp. Ericaceae
Vaccinium sp. Ericaceae
Clussia multiflora Guttiferae
Havetia sp. Guttiferae
Billia columbiana Hipocastanaceae
Aniba cicatricosa Lauraceae
Beilshmiedia sulcata Lauraceae
Ocotea karsteniana Lauraceae
Phoebe cinamomifolia Lauraceae
Lecythis ollaria Lecythidaceae
Ficus velutina Moraceae
Psidium caudatum Myrtaceae
Bactris sp. Palmae
Catoblastus sp. Palmae
Ceroxylon sp. Palmae
Euterpe sp. Palmae
Chusquea sp. Poaceae
Neurolepis sp. Poaceae
Decussocarpus rospigliossi Podocarpaceae
Prunus moritziana Rosaceae
Rubus floribundus Rosaceae
Chrysophylum caimito Sapotaceae

El oso frontino es una de estas especies cuya observación directa es difícil y la información sobre su historia natural se basa mayormente en la interpretación de señales. Sin embargo, como todo mamífero de gran tamaño, el oso frontino deja una gran cantidad de huellas y señales de actividad, las cuales, una vez que son conocidas, permiten con relativa facilidad detectar su presencia y realizar seguimientos y estudios más complejos.

SONIDOS SALVAJES

Por lo general, el oso frontino no produce muchos sonidos en su hábitat natural y sus vocalizaciones no se dejan oír fácilmente ya que andan solos mucho tiempo. Sin embargo, para esas ocasiones cuando los osos encuentran a sus congéneres – o cuando desean encontrarse con ellos – cuentan con un amplio repertorio de vocalizaciones a su disposición.

El sonido más común del oso frontino adulto parece un “gorjeo”, como el sonido de un pájaro, el cual es una llamada social para el contacto. Cuando una hembra está en celo, ella emite constantemente esos “gorjeos”. El oso frontino también emite “gemidos” muy fuertes, “rugidos”, “gruñidos” y “ladridos” para indicar un rango social y grados variables de agresión.

REPRODUCCIÓN

Al parecer estos osos no tienen una época fija de reproducción en estado silvestre, ya que se han observado osas con crías en diferentes meses del año. En cautiverio, el período de estro ha sido estimado entre 3-14 días con cópulas que ocurren de 2 a 8 veces por día. La gestación es de 8 a 8 meses y medio.

El número de crías al nacer es de 1 a 3 a tres oseznos. Al nacer tienen los ojos cerrados y pesan unos 300 grs. Abren los ojos después del primer mes. Son de color negro y ostentan el diseño de los anteojos blanco-amarillentos que caracterizan a la especie. El crecimiento de los pequeños se efectúa bastante rápido, a los 180 días de nacido ya pesan 10 Kg.

CONSERVACIÓN DEL OSO FRONTINO EN VENEZUELA

La distribución del oso frontino es localizada y discontinua a lo largo de las zonas boscosas montañosas del occidente del país, concretamente en la Cordillera de Los Andes. Esta Cordillera posee dos ramales divergentes y aislados, que se ramifican desde la Cordillera Oriental de Colombia. El primer ramal, en sentido Norte, es la Sierra de Perijá, con aproximadamente 8.000 Km2 de vertientes boscosas, probablemente el refugio poblacional más importante para la especie en el país. El segundo ramal, en sentido Noreste, es la Cordillera de Mérida, el cual posee alrededor de 13.300 Km2 de vertientes boscosas potenciales para osos, que se encuentran actualmente fragmentados en 4 porciones o bloques silvestres: El Tamá (al suroeste), Central (en el eje de la Sierra Nevada), Dinira y Portuguesa (al noreste).

El intervalo altitudinal de esta especie en Venezuela va desde los 400 hasta los 4.300 m.s.n.m. Sierra de Perijá, Sierra Nevada y El Tamá, son las áreas donde con más frecuencia se observan osos a baja altitud. En el caso de Venezuela, se confirma una generalización observada también en los demás países andinos, acerca de la ubicación de la mayor parte de las localidades reportadas para el oso, por arriba de los 1.000 m.s.n.m.

No existen datos empíricos o de campo sobre estimaciones directas de densidades o números totales, que permitan arrojar conclusiones sobre el estatus poblacional de esta especie. El biólogo Edgard Yerena emprendió la tarea de estimar algunas densidades relativas en el bloque Central de la Cordillera de Mérida, en base al número de osos cazados en áreas relativamente confinadas y en base a estimaciones subjetivas de guías locales (baquianos) y cazadores. Estos estimados arrojaron un promedio de 0,04 individuos/Km2, es decir 1 oso por cada 25 Km2. Esta densidad se considera bastante baja y, extrapolándola a la cantidad total de hábitats boscosos disponibles en este bloque Central, entre los estados Trujillo, Barinas, Mérida y parte del Táchira (459,872 ha.) dio un total de 183 individuos. Tomando en cuenta otros criterios, tales como estimaciones de densidad y área de vivienda teóricas, en base al peso promedio corporal de la especie, los resultados sobre el número posible de osos en este sector de la cordillera son muy variables y poco concluyentes, considerándose realista, sin embargo, asumir que existe un número inferior a los 1.000 individuos.

Para el año 1992 la cantidad total de hábitat para el oso disponible en Venezuela se estimó en 21.400 Km2. En cualquier caso, aun hoy la cifra posible de osos en todo el país, puede que no exceda el millar de individuos. Su estatus puede considerarse entre “Vulnerable” y “En Peligro”, según los criterios de la Comisión de Supervivencia de Especies (CSE) de laUnión Mundial para la Naturaleza (IUCN).  El gobierno lo cataloga como especie “En Peligro”, según Decreto Nº 1486 de fecha 11/09/96 firmado por el Ministerio del Ambiente y de Los Recursos Naturales (M.A.R.N). Esta misma dependencia promueve la protección de la especie mediante su inclusión en el Decreto de Veda indefinida (Nº 1485 de fecha 11/09/96), el cual prohíbe su cacería en todo el territorio nacional. Así mismo, el Libro Rojo de la Fauna Venezolana cataloga al oso frontino como “En Peligro”.

La principal causa de la posible disminución poblacional de osos en Venezuela radica en la cacería furtiva: Se ha estimado un promedio de 2,47 osos cazados por año en los últimos 80 años, solamente en el tramo Central de la cordillera, donde probablemente no existan más de unos pocos centenares de individuos; ésta cifra con seguridad está subestimada con respecto a la realidad. La presión de caza, indudablemente está produciendo efectos muy negativos en las poblaciones silvestres. Las razones para su caza son esencialmente culturales y económicas. Dentro del primer grupo se considera primordialmente la valoración de la “hombría” asociada al cazador que da muerte a un oso, muy ligado al miedo que inspira el animal por su tamaño y aspecto. Igualmente, dentro de estos aspectos culturales, se aprecia la cacería para el aprovechamiento de ciertas partes del animal, tales como grasa, huesos, báculum (hueso peneano) y sangre, con fines mágico-curativos. También se tiene la apreciación de que el aprovechamiento de su carne comestible es una razón importante para su cacería, la cual es “oportunista” y generalmente no planificada. Los cueros y garras, son generalmente conservados como trofeos de valor secundario y como prueba de la cacería. Se estima que un oso muerto puede generar ingresos relativamente importantes para un campesino pobre. A pesar de esto, no se ha detectado algún tráfico comercial de sus partes, que tenga cierta relevancia. La razón económica de su cacería, específicamente se refiere a la eliminación de osos acusados de ser depredadores de ganado vacuno y ovino, los cuales eventualmente pueden causar importantes pérdidas, especialmente a pequeños productores del páramo.

La pérdida de hábitat puede considerarse como la segunda causa más importante que amenaza a las poblaciones de osos: las cuales actualmente están confinadas a los espacios naturales que han escapado a la actividad agropecuaria humana. Con la llegada de los colonizadores europeos, a comienzos de los años 1.500, se comenzó un proceso de contracción de las áreas silvestres, especialmente las ubicadas en los valles intramontanos, terrazas y en general, aquellas con climas moderados y estacionales (bosques semidecíduos y siempreverdes). El máximo de expansión agrícola en los Andes Venezolanos puede haberse alcanzado en las primeras décadas del siglo XX, presentándose un fenómeno de recuperación de áreas intervenidas, a partir de la década de 1940. Sin embargo, las selvas húmedas del piedemonte de la cordillera, tanto de la vertiente del llano como en la del Lago de Maracaibo, las cuales probablemente fueron hábitats de osos, experimentaron por primera vez en los años 50, una rápida y fuerte transformación hacia plantaciones y potreros ganaderos. Esta pérdida se ha estimado en el piedemonte llanero en 12.890 Km2. o 67,5% del bosque original. Actualmente la agricultura está creciendo nuevamente, intensificándose en las áreas tradicionales y reincidiendo en zonas abandonadas, debido a la nueva rentabilidad de la actividad.

Una amenaza a corto plazo más concreta que la pérdida directa de hábitat lo constituye la fragmentación y consecuente aislamiento de sectores boscosos: Esto es particularmente patente en la Sierra de Portuguesa, Dinira y El Tamá. Para el año 1986 existían solo cinco (5) parques nacionales en el intervalo de distribución del oso frontino: 1- Sierra Nevada, 2- Yacambú (para entonces con 14.580 has.), 3- Terepaima, 4- Sierra de Perijá y 5- El Tamá. En el año 1985, a raíz del inicio de los primeros trabajos de campo sobre ecología y conservación de esta especie a cargo de los biólogos Edgard Yerena e Isaac Goldstein, así como de los resultados de las iniciativas de divulgación acometidas por diferentes organizaciones, se logró incrementar el área protegida al número actual de doce (12) parques nacionales en el área de distribución del oso frontino.

Estos nuevos parques fueron en orden cronológico: 6- Guaramacal (1988), 7- Dinira (1988), 8- Páramos El Batallón y La Negra (1989), 9- Chorro El lndio (1989), 10- Sierra de La Culata (1989), 11 – El Guache (1992) y 12- Tapo-Caparo (1993).

Un enfoque de mantenimiento de la integridad ecológica a largo plazo, ha prevalecido en el diseño de éstas áreas silvestres protegidas, habiéndose considerado muy especialmente las necesidades ecológicas del oso frontino. En este sentido, varios de los anteriores parques nacionales han sido conjugados de manera tal que sus límites sean contiguos, generándose así las siguientes grandes unidades de conservación: A) Tapo Caparo – Sierra Nevada – Sierra de La Culata; B) Páramos El Batallón y La Negra – Chorro El Indio y C) Yacambú – El Guache. Además, dos (2) parques nacionales hacen frontera internacional con otros dos (2) parques nacionales de la República de Colombia, generándose dos grandes unidades de conservación fronterizas, claves para la conservación de la especie: D) Sierra de Perijá (Venezuela) – Catatumbo-Barí (Colombia) y E) El Tamá (Venezuela) – Tamá (Colombia).

En los últimos 10 años la imagen del oso frontino  ha experimentado un incremento vertiginoso como símbolo de conservación. De ser una especie absolutamente desconocida a nivel del gran público, ha pasado a ser un símbolo emblemático del conservacionismo, nombrado incluso con cierta frecuencia por los políticos. Esto se ha logrado con un modesto, pero efectivo impulso inicial de divulgación y sensibilización conducido por la organización pionera PROVITA, junto a FUDENA, INPARQUES, Universidad de Los Andes, Empresas Polar, diversas empresas de Petróleos de Venezuela, Gobernación del Estado Mérida, CREE, Brigada Conservacionista Tremarctos ornatus y más recientemente, la Fundación Andígena, quienes lideran actualmente las iniciativas de conservación de la especie en Venezuela. Se ha recibido, igualmente, el apoyo de organizaciones internacionales como Wildlife Conservation Society (WCS)Lincoln Park Zoological Gardens, Jersey Wildlife Preservation Trust, People’s Trust for Endangered Species, Calgary Zoological Society, Fondo para la Protección de Los Animales Salvajes (FAPAS) y Cleveland Metroparks Zoo. Como parte de esta estrategia se han producido afiches, folletos, franelas, artesanías, programas de radio y televisión, foros, conferencias, etc. Se ha generado un efecto de “bola de nieve” que ha llevado a numerosas empresas, gremios, organizaciones conservacionistas, etc., a difundir la imagen del oso frontino como un símbolo de la identidad andina. Documentales en la TV. nacional, programas radiales, cobertura por prensa y hasta comerciales de televisión han sido realizados en torno a su figura.

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En 1997, el gobernador del Estado Mérida decretó oficialmente al oso frontino como unos de los símbolos ambientales regionales.

En 1994, un grupo Ad Hoc de especialistas en oso frontino en Venezuela elaboró un Plan de Acción para la conservación de esta especie. Las acciones que propuso dicho documento estuvieron enmarcadas dentro de un gran objetivo fundamental: proponer una estrategia que contribuya a asegurar la conservación del oso frontino a nivel nacional. Para esto se plantearon cinco objetivos generales:

  1. Disminuir y minimizar la cacería furtiva.
  2. Asegurar la existencia de una suficiente cantidad y distribución de hábitats que permita mantener poblaciones silvestres viables.
  3. Incrementar sustancialmente los conocimientos científicos.
  4. Incrementar los niveles de conciencia pública.
  5. Desarrollar las capacidades para un manejo integral de las poblaciones en cautiverio.

De esos cinco objetivos, se considera que el 1, el 4 y el 5 son los que probablemente requieren de mayor empuje en la actualidad, y donde es posible proponer un aporte significativo por parte del trabajo cooperativo.

Disminuir y minimizar la cacería furtiva: Para el logro de este objetivo es necesario reforzar los mecanismos y la capacidad operativa para combatir el furtivismo en el terreno. Esto debe realizarse con personal especialmente entrenado y equipado, y con aptitud para el trabajo en zonas agrestes. Debe efectuarse dentro de un ambiente de cooperación e información hacia la población campesina, logrando el respeto por la autoridad, acompañándose ésta con una labor pedagógica. A los programas de protección y guardería de las distintas áreas protegidas, debe dársele máxima prioridad dentro de los planes de manejo. Estas actividades deben ir acompañadas de sugerencias sobre practicas alternas a la cacería, como por ejemplo el ecoturismo. La población local debe percibir beneficios reales y tangibles derivados de una actitud conservacionista hacia la fauna y los recursos naturales en general. Se deben aplicar políticas que disminuyan los conflictos oso-hombre, especialmente en el caso de la ganadería extensiva de páramo; para ello deben fomentarse diferentes modos de producción de la ganadería que minimicen la competencia por el páramo como área de pastoreo. Del mismo modo debe pensarse en iniciar programas de compensación por pérdidas comprobadas de ganado causadas por los osos. Actualmente (2001), Denis Torres adelanta una investigación (Ganadería de Montaña en Hábitats de Grandes Carnívoros. Cuenca del Río Nuestra Señora, Estado Mérida, Venezuela) en la Universidad de los Andes que aportará información y posibles soluciones al respecto.

Incrementar los niveles de conciencia pública: la sociedad venezolana, en todos sus niveles, debe apreciar y apoyar las iniciativas de conservación de esta especie, con pleno conocimiento de todos los beneficios tangibles que se derivan de ello: la producción de agua y energía hidroeléctrica, la conservación de cuencas, el turismo, el ordenamiento territorial, el mantenimiento de la biodiversidad. Para ello deben utilizarse todos los recursos disponibles para una difusión masiva y efectiva, con especial énfasis en medios de gran alcance como el radial. Esa difusión debe llevarse de forma intensiva y de educación formal e informal, especialmente a la población campesina que convive dentro y en los alrededores de los hábitats del oso frontino. Aquí deben localizarse los esfuerzos mayoritarios a fin de apoyar el logro de los dos primeros objetivos de este plan de acción. El logro de la conservación del oso es clave para la identidad andina de Venezuela. Esta faceta puede establecer un objetivo común de integración con el resto de los países andinos, el cual puede ser muy positivo en el campo de la cooperación técnica y científica a nivel inter-regional.

Desarrollar las capacidades para un manejo integral de las poblaciones en cautiverio: Este objetivo tiene un doble propósito, por una parte apoyar las estrategias de conservación in situex situ, y por otra, contribuir al logro de los objetivos de educación. Paralelamente a los esfuerzos del mantenimiento de las actuales poblaciones silvestres, debe generarse un reservorio genético en cautiverio, así como de tecnologías que permitan un eventual reforzamiento de dichas poblaciones, lo cual puede ser una necesidad perentoria a mediano o largo plazo. Los parques zoológicos deben entrar a jugar un papel más activo en la promoción de la conciencia y la educación conservacionista de esta especie, debiendo ser particularmente activos en este objetivo los parques ubicados en el área de distribución de la especie. Debe profundizarse la cooperación internacional en el campo del manejo en cautiverio e insertarse en las coordinaciones internacionales que existan para el manejo ex situ de esta especie.

Fuente: Centro Nacional de Cálculo Científico de la universidad de los Andes (Venezuela)